
Gestionar la diversidad supone facilitar el diálogo entre diversos referentes culturales para una convivencia en paz, basada en el respeto y valoración de las miradas de quien es diferente. A ello se ha dedicado nuestro Centro Cristiano de Reflexión y Diálogo desde hace más de tres décadas y, en el Día Mundial por la Diversidad Cultural para el Diálogo y el Desarrollo, lo expresamos mediante el refuerzo de nuestra identidad, nacida de la convergencia, entre otros, de lo indígena, lo africano y lo europeo.
La apertura fue una exposición andante y viva de esos orígenes, a través de la representación del choque de las culturas aborigen y española, primero, y de la yuxtaposición, después, de esa última con la africana. Fue como un cuadro plástico de la descripción que hiciera el antropólogo cubano don Fernando Ortiz, cuando, en su afán por definir la cubanía, nos equiparó con un ajiaco.
En el salón central, ambientado para la ocasión con imágenes representativas de nuestras raíces, se propició la reflexión en torno al respeto y la aceptación de la diversidad; la tolerancia y la convivencia en paz.
De allí se pasó al Centro Cultural, donde esperaba un “té literario”. Compartimos fragmentos de la novela Cecilia Valdés, de Cirilo Villaverde; Mi tío el empleado, de Ramón Meza y la “Balada de los abuelos”, de Nicolás Guillén. También se divulgó, mediante una muestra de las revistas El Correo de la Unesco y Reflexión y Diálogo, la labor que desde estas se ha desarrollado en favor de la diversidad.
Fue una buena oportunidad para la inauguración de la muestra mensual del Archivo, con escritos y biografía de Raúl Fernández Ceballos, fotos de talleres y cursos que han tenido lugar en el CCRD-C, así como la proyección del documental La otra historia. 30 años, dedicado a la presencia de Inter Press Service (IPS) en Cuba.
De regreso al salón central, se disfrutó de diversas expresiones musicales y danzarias, como el proyecto Bulerías, de danza española y el proyecto cultural afrocubano Grandes ilusiones. Este último, por su derroche de alegría cargado de sonoridad y picardía folclórica, terminó por arrastrar a todos a su baile.
Como colofón de esta fiesta, se degustaron, exquisitos platos internacionales que hemos asimilado en nuestros hábitos y costumbres alimentarias.
Solo resta recordar que el Día Mundial de la Diversidad Cultural para el Diálogo y el Desarrollo resalta la importancia de llevar hacia adelante ese proceso social tan necesario de aceptación y comprensión del otro, lo cual permitirá abordar los retos medioambientales, económicos, sociales, tanto de nuestra nación como los globales. Nos restan otros 364 días y varias vueltas de la Tierra alrededor del Sol, para hacerlo posible, mediante profundas reflexiones y múltiples acciones.