
Cuando una luz como la del Reverendo Raimundo García Franco se apaga en esta tierra, no desaparece, se traslada a una morada más alta. Hoy, nuestra mirada no está en el vacío que deja su partida, sino en el inmenso surco de amor y verdad que sembró a su paso. Su vida no fue un camino recto y cómodo, fue una senda de entrega absoluta. Hombre de fe inquebrantable, encontró en el Evangelio el mapa para tender puentes donde otros levantaban muros.
Fundó el Centro Cristiano de Reflexión y Diálogo-Cuba, pero más que una institución, edificó una familia espiritual, un faro. Fue pastor, guía, amigo y un testigo vivo del amor incondicional. Su legado late en cada corazón que tocó, en el consejo que dio en un momento difícil, en la comida que compartió, en cada oración que elevó, en la reconciliación que propició, en cada palabra de aliento que regaló, en su sonrisa que nos devolvió la esperanza.
Lo despedimos con la certeza de que su obra, como una semilla fértil, ya ha dado frutos que perdurarán. Descansa ahora, junto a su amada Rita Morris Cabrero, en la paz eterna de Cristo.
Hoy celebramos la vida del Reverendo Raimundo y brindamos porque alguien importante estuvo con nosotros en esta tierra. Y su vida nos cambió. Porque hoy tenemos el reto de ser, como él, creadores de puentes, sembradores de esperanza.
En los ojos de nuestro hermano o hermana, podemos ver el reflejo del amor que el pastor Raimundo sembró. Porque él no trabajó para sí; trabajó para que todos y todas, su comunidad, su familia, su pueblo, supiéramos que el diálogo es posible y que la reconciliación no es un sueño, que el amor siempre, siempre gana.
Descansa en paz, amado pastor. Tu obra no termina aquí; comienza de nuevo en cada corazón que decidió amar como tú amaste. Amén.
(Hoy en el Centro Cristiano de Reflexión y Dialogo-Cuba celebramos el homenaje al Reverendo Raimundo García Franco).